viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Qué es la vida?


"La vida puede observarse, diseccionarse y analizarse, pero es un fenómeno emergente y puede que nunca seamos capaces de darle una explicación racional" (James Lovelock; La venganza de la Tierra. La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad (p. 236). Ed. Planeta, Barcelona, 2007).

Ciertamente no es fácil responder a una pregunta aparentemente tan sencilla y, dependiendo de la formación académica de quien nos responda, hallaremos diversas respuestas correspondientes a enfoques distintos; incluso, dentro de una misma rama del conocimiento, no faltará el contraste de matices entre autores diferentes que se atrevan a responder a la cuestión, ¿qué es la vida? Y, por supuesto, las ideas del hombre sobre el asunto han ido cambiando con el devenir de la historia. Para la mayoría de los mortales la vida es un camino de lucha, de momentos agradables alternados con otros de dolor y de angustia, de supervivencia en definitiva, que cada cual intenta llevar con la mayor dignidad posible.

Los filósofos, desde distintas corrientes de pensamiento, se han planteado a lo largo de la historia cuál es el significado de la vida, desde epicúreos y estoicos hasta existencialistas, pero también se plantean la propia definición de vida, de ser vivo. Pero aquí creo que resulta más conveniente acudir a la ciencia, aunque no hallemos plena satisfacción y tengamos que componer un rompecabezas a base de piezas aportadas por cada una de sus ramas. En el siglo XIX, a mi juicio, cierta corriente filosófica, el vitalismo, erró al pensar que la vida no podía explicarse exclusivamente en términos físicos y químicos, sino que era imprescindible la existencia de una "fuerza vital" de naturaleza no física. El ejemplo ilustra el fracaso que supone intentar abordar aspectos del conocimiento del mundo físico desde terrenos ajenos (y a veces anejos) a la ciencia. Sí está en cambio legitimada la filosofía para reflexionar sobre las diferentes definiciones científicas de "vida" y derivar de ello hondas consecuencias.

Y hablamos de diferentes definiciones científicas porque cada disciplina tiene un punto de vista particular, y todos son complementarios para tener una visión (seguramente incompleta) global del complejo rompecabezas de la vida como fenómeno. Así James Lovelock en el mencionado libro, La venganza de la Tierra, obra imprescindible y polémica, apunta con acierto que "los físicos dirán que es algo que existe dentro de unos límites y que espontáneamente reduce su entropía (desorden) mientras que excreta desorden al entorno".  Los químicos dirán en cambio que un ser vivo está compuesto de macromoléculas orgánicas junto con pequeñas cantidades de ciertos elementos, amén de agua, su componente principal. "Los bioquímicos y los fisiólogos (añade Lovelock) dirían que la existencia de vida siempre tiene lugar dentro de unas fronteras celulares que contienen un medio acuoso con una composición muy precisa de especies iónicas"; y cada célula "dispone de una serie completa de especificaciones e instrucciones escritas" codificadas en el ADN. Y "los biólogos la definirían como un estado dinámico de la materia que puede replicarse a sí misma y cuyos componentes individuales evolucionarán mediante selección natural".

Mas si le preguntamos a nuestro amigo el profesor Lozano Leyva, físico nuclear, posiblemente nos conteste que la vida tiene su origen remoto en las estrellas moribundas, pues el carbono se origina mediante un sutil mecanismo cuando en éstas los núcleos de helio, restos de la fusión nuclear del hidrógeno (que se ha ido agotando), se unen de tres en tres en el interior de la estrella, a una temperatura de millones de grados. Cuando finalmente la estrella explota como supernova el carbono, junto con el resto de elementos, es expulsado al espacio y puede volver a formarse una estrella que tal vez tenga un sistema planetario. Y el carbono, en esos planetas, puede llegar a formar moléculas orgánicas con enlaces C-C, C-H y con otros elementos como oxígeno y nitrógeno. Y estas moléculas "gracias a mucho azar y bastante necesidad, pueden dar lugar a un fenómeno fantástico: la vida".

(Para leer el interesantísimo artículo "De la mina al futuro", de Manuel Lozano Leyva, pínchese aquí)