jueves, 9 de febrero de 2012

Este mundo

Dice el poeta:

"El mundo es una errata. El problema es que han despedido al corrector".
   
El profesor, poeta también, contesta:

"El problema, Don Antonio, es cuando el mundo no es tanto una errata, sino falta de ortografía".



Y sin embargo, Leibniz (1646 - 1716), el sesudo y polifacético alemán nómada, filósofo de las mónadas, inventor  (de forma independiente a Newton, y con las conocidas polémicas) del cálculo diferencial e integral, amén de artefactos como una máquina de calcular mecánica o un dispositivo eólico para drenar minas, ebrio de optimismo teológico, pensaba que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Dios creó, según Leibniz, el mejor mundo entre una infinidad de posibilidades. Y además se empeñó en conciliar razón y fe.

[Máquina de calcular de Leibniz. Fuente]

No pocos pensarán que esta idea de Leibniz es una memez, acordándose de guerras, enfermedades, injusticias, consumismo, deterioro del medio ambiente, crisis económicas y de valores, y demás lacras de nuestro tiempo. Tír na nÓg, la legendaria tierra gaélica de la eterna juventud, donde no se conocían ni la enfermedad ni la muerte, sólo tenía existencia en la mente hirviente de los antiguos celtas.



Al menos (y no es poco) tenemos la música. Y la ciencia, el arte, la literatura...