domingo, 14 de abril de 2013

José Luis Sampedro entre nosotros

No nos ha cogido del todo por sorpresa la triste noticia del fallecimiento del escritor y economista José Luis Sampedro. Economista heterodoxo, poco convencional, al menos para nosotros, los que sabemos muy poco de la ciencia económica pero que, en mayor o menor grado, padecemos los desatinos de los economistas al servicio de los poderes financieros que dirigen nuestro sufrido devenir. Un economista que, según sus propias palabras, pertenece a esa mitad que ha tratado de hacer menos pobres a los pobres.

[José Luis Sampedro. Fuente de la imagen aquí (www.tercerainformacion.es)]

La avanzada edad del lúcido escritor y su delicado estado de salud hacían presagiar un final próximo, y como hace años había quedado prendado con Sampedro en una entrevista que le hizo en televisión Jesús Quintero, y nunca había leído nada de él, pensé que debía hacerlo sin demora, me apetecía leer alguna de sus novelas antes de que nos dejara. Es por ello por lo que hace un año degusté una de sus primeras obras, publicada en el ecuador del pasado siglo, Congreso en Estocolmo. En la novela, un profesor de matemáticas acude a la capital sueca para asistir a un importante congreso científico. Pero en aquellas lejanas tierras septentrionales no sólo acude a conferencias, sino que descubre a personas que tienen visiones particulares, muy distintas de las suyas, del mundo. Conecta con sus inquietudes y emociones y él mismo sufre una sacudida interior, un sismo emocional. No me decepcionó el relato, más bien me abrió el apetito para futuras lecturas de otras obras de  Sampedro (véase mi entrada De Estocolmo a la Luna).

Humanista, hombre crítico y empeñado en usar el poder de la razón para el beneficio de las personas, su bienestar, la integración social de los más desfavorecidos (o los más castigados por la codicia de los especuladores). Pensaba José Luis Sampedro que la ciencia y la tecnología han evolucionado extraordinariamente pero, sin embargo, no hemos sabido vivir en paz, respetándonos unos a otros y al medio ambiente. Ésa fue la tónica general del pasado siglo. ¿Estamos dispuestos a cambiar en este?


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