lunes, 1 de septiembre de 2014

Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte III)

[Alfred Nobel de joven (izquierda) con su hermano Ludvig en San Petersburgo hacia finales de la década de los 40 del XIX. Todos los hermanos Nobel fueron emprendedores y colaboraron siempre estrechamente en los negocios, particularmente de los explosivos y de la emergente industria petrolera. Fuente de la imagen aquí (Nobelprize.org)]


Sabía bien Alfred Nobel que para poder comercializar con éxito el aceite explosivo o nitroglicerina (tan peligroso de manipular, como había denunciado Ascanio Sobrero, su descubridor) tenía que idear algún dispositivo que permitiera controlar de forma segura el potente explosivo. Así, poco después de patentar su método de producción de nitroglicerina (1863), logra diseñar un componente clave para alcanzar su propósito: el detonador o "encendedor inicial" (una cajita de madera o "cápsula fulminante", sustituida después por un casquillo metálico, con una carga de pólvora negra en su interior). Este invento del detonador de Nobel es considerado por muchos tan relevante o más que el de la dinamita y puede afirmarse que hay un antes y un después en la historia de los explosivos con esta invención del químico sueco.

A mediados de los años 60 es ya Alfred Nobel no sólo un inventor sino un decidido empresario que pretende abrir fábricas de explosivos en diferentes partes de Europa y de los Estados Unidos. En 1865 pone en marcha la importante fábrica alemana de Krümmel, próxima a la ciudad de Hamburgo. Pero los accidentes con la nitroglicerina siguen haciendo estragos y Nobel no descansa para intentar reducir los riesgos del transporte, almacenamiento y manipulación de la nitroglicerina. Prueba con materiales porosos con escaso éxito hasta que lo hace con tierra de diatomeas, que abundaba en la región de Alemania donde se encontraba. La tierra de diatomeas, diatomita o kieselgur es una roca sedimentaria silícea formada por microfósiles de diatomeas (algas unicelulares marinas) de elevada porosidad y cualidades adsorbentes. Observó Nobel que la tierra de diatomeas quedaba impregnada de nitroglicerina formando una pasta que se podía amasar y darle fácilmente forma de barras. De esta manera podrían fabricarse cartuchos de tierra de diatomeas impregnada de nitroglicerina cuyo transporte y almacenamiento no supusiera un riesgo importante, estando la explosión controlada por un detonador o "encendedor Nobel". A esta masilla explosiva quiso darle el inventor sueco el nombre de dinamita, haciendo referencia a la "fuerza" del nuevo explosivo comercializable. En 1867 obtiene finalmente las patentes de la dinamita en diferentes países, entre ellos Estados Unidos.

A pesar del temor y la desconfianza hacia los inventos de Nobel en algunos momentos la carrera empresarial de Nobel no para, y sus experimentos tampoco. Su dinamita era un magnífico logro para una época en la que la minería y las grandes obras públicas estaban en auge pero Alfred Nobel era consciente de que tenía que seguir investigando para obtener explosivos seguros y más potentes. Se fijó en la nitrocelulosa o algodón pólvora. Y con el tiempo inventaría dos explosivos más de importancia: la gelignita o gelatina explosiva y la balistita o pólvora casi sin humo (que sustituiría a la pólvora negra en armas de fuego).



La nitrocelulosa es un sólido amorfo, parecido al algodón, inflamable. Contiene entre un 10 % y un 14 % de nitrógeno (N). La nitrocelulosa de mayor contenido en N se utiliza en explosivos, mientras que la de menor porcentaje forma parte del colodión (disolución de nitrocelulosa que es un líquido viscoso amarillo pálido que es empleado como recubrimiento de heridas y rozaduras) y lacas. Se obtiene por tratamiento de la celulosa (por ejemplo, de la pulpa de madera) con mezcla de ácidos nítrico y sulfúrico.

Parece ser, según cuenta el mismo Alfred Nobel, que aplicó colodión a una herida en un dedo tras sufrir un corte. Y allí, en el laboratorio, al observar la capa elástica que dejaba el colodión, se le ocurrió mezclarlo con, ¡cómo no!, nitroglicerina, dando lugar a una masa gelatinosa. Era el nacimiento de un nuevo explosivo (patentado en 1876): la gelatina explosiva, más potente que la nitroglicerina y sin los riesgos de ésta.

Muchos aspectos de la intensa vida de Alfred Nobel se quedan fuera de este artículo, por lo que invito al lector curioso a profundizar más en otros trabajos. Concluyo con un pequeño fragmento de una carta de Alfred Nobel a su hermano Ludvig, que constituye el prólogo de la deliciosa biografía novelada del inventor de la dinamita escrita por Austin Tower (Alfred Nobel; Editorial Dólar, Colección Celebridades; Madrid, ¿1951?). Nos da muestras de su personalidad. Así habla Alfred Nobel de sí mismo:

"Su principal mérito consiste en mantener sus uñas limpias y en no haber sido jamás una carga para nadie. Sus faltas peores: carece de familia, tiene mal genio y padece de indigestión. Su único deseo: que no se le entierre vivo. Su peor pecado: no adorar el dinero. Importantes sucesos en su vida: ninguno".


Pueden leerse las dos partes anteriores de este breve recorrido por la vida e inventos de Alfred Bernhard Nobel aquí:

- "Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte I)".

- "Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte II)".


Para saber más:

- FRÄNGSMYR, TORE. Alfred Nobel. Instituto Sueco. Estocolmo, 2013.

- VV. AA. Crónica de la Técnica. Plaza & Janés Ed., Barcelona, 1989.


En Internet:

- Página web oficial de los Premios Nobel: www.nobelprize.org.

- Presentación de Miguel Ángel Sierra sobre explosivos: "Materiales energéticos"