viernes, 15 de octubre de 2010

Tycho Brahe - Johannes Kepler (observación y teoría). Una difícil relación muy fructífera.



[Estatuas de Brahe y Kepler en Praga, donde coincidieron; imagen procedente de

Hace unos años pasé unas agradables vacaciones de verano en las proximidades de Lisboa, y en una librería de Cascais me detuve unos minutos. Me sorprendió un título, Intriga cósmica, que inmediatamente comencé a hojear y, finalmente, compré. Se trata de la traducción al portugués de Heavenly Intrigue (Anchor Books, 2005), escrito por el matrimonio Gilder (novelista y reportera, respectivamente). El título suena sensacionalista, pero el libro es verdaderamente interesante y está muy bien documentado. En él, que no es una novela sino un ensayo, se narran los acontecimientos principales de las vidas del astrónomo danés Tycho Brahe y del matemático alemán Johannes Kepler, centrándose en la oscura personalidad de este último y en su difícil relación con el primero en la Praga del emperador Rodolfo II, ya que sus visiones de la ciencia y del mundo (el danés disfrutaba con los placeres mundanos mientras que el alemán era un matemático místico, a lo pitagórico) no podían ser más opuestas. Sin embargo, ambos se necesitaban, eran científicos complementarios, uno el mejor observador del cielo, el otro con una poderosa mente deductiva (aunque a veces sumida en las nieblas de su misticismo). Se plantea en el libro de los Gilder la muerte de Tycho Brahe por envenenamiento con mercurio (aportándose pruebas científicas) y se propone la hipótesis, osada pero no descartable, del asesinato. Y, cómo no, para Joshua y Anne-Lee Gilder el sospechoso número uno es Kepler, entre otros motivos para poder tener acceso a los importantes datos astronómicos que guardaba Brahe celosamente y que necesitaba, anhelaba, el alemán. Yo, en cualquier caso, sin despreciar la hipótesis del asesinato, considero más probable que Tycho Brahe, astrónomo y alquimista (en el sentido iatroquímico), se hubiera envenenado él mismo involuntariamente con un uso, seguramente prolongado y abusivo, de sus peligrosos remedios mercuriales (advirtamos que Brahe tenía excesiva fe en su preparado mercurial, pues pensaba que en éste el mercurio quedaba "libre de su naturaleza venenosa", transformándose en un "remedio inofensivo que sólo hace el bien"; con él se podrían tratar las enfermedades de la piel y de la sangre, las infecciones venéreas crónicas y un largo etcétera, llegando hasta el punto de decir que su remedio, debidamente preparado, era capaz de curar las tres cuartas partes de las enfermedades que afectan al cuerpo humano, siempre que se aplicara del modo correcto y en el momento oportuno, es decir, consideraba a su preparado mercurial como una especie de panacea).

Así, Tycho Brahe pudo haber muerto por la insuficiencia renal, y la consiguiente uremia, provocada por dosis excesivas y prolongadas de su remedio mercurial como tratamiento de alguna enfermedad que padeciera, tal vez venérea (puede que gonorrea), sufriéndola silenciosamente y ocultándola a sus allegados. Es posible que la enfermedad se hiciera duradera en nuestro protagonista o incluso que sufriera alguna reinfección (hoy sabemos que el padecimiento de gonorrea no crea inmunidad). Si en este peligroso cóctel mezclamos una gonorrea (inicialmente esta enfermedad provoca pequeñas molestias en la uretra, especialmente al orinar, acompañadas de secreciones uretrales purulentas, y con su evolución pueden aparecer fuertes dolores al orinar; la progresión de la infección por el gonococo puede provocar, transcurridas varias semanas, una dolorosa inflamación de la próstata, las vesículas seminales y la vejiga urinaria) con los efectos de un tratamiento prolongado con mercurio y con las largas horas sin orinar durante aquel banquete de una noche de otoño de 1601 en Praga (donde es presumible que, como era habitual, se bebiera abundantemente) parece que encontramos motivos suficientes para el fatal desenlace.

[Nota: La preparación y la composición del remedio mercurial fue descrita por Brahe, un auténtico iatroquímico experimental,  y está recogida en el libro Heavenly Intrigue de los Gilder. La traducción e interpretación del texto de Brahe es del profesor de Historia de la Ciencia Lawrence Principe. El proceso de obtención del remedio es laborioso y requiere sucesivas purificaciones. La idea central de Brahe es obtener un preparado mercurial final eficaz, válido para el tratamiento de numerosas enfermedades y poco agresivo (dentro de las dosis recomendadas). El profesor Principe concluye que el proceso de preparación conduce finalmente a un sulfato de mercurio básico, mucho menos tóxico que el muy peligroso cloruro mercúrico. En el procedimiento de Brahe el mercurio del cloruro es reducido por el hierro, obteniéndose mercurio metálico, que posteriormente es tratado con aceite de vitriolo o ácido sulfúrico para formar el correspondiente sulfato.] 

Sobre este asunto recomiendo el artículo de Miquel Barceló "¿Kepler, matemático asesino?", en su interesantísima sección "Matemática Ficción" de divulgaMAT.

Y no quiero dejar de incluir aquí unos fragmentos de la memorable serie de Carl Sagan, Cosmos, en los que brillantemente (nunca mejor dicho) se nos narra la historia de Tycho Brahe y Johannes Kepler (pertenecen al capítulo 3, "La armonía de los mundos"):