miércoles, 10 de julio de 2013

Tres inventos chinos que cambiaron Occidente

[Antigua imprenta china de tipos móviles. Fuente de la imagen:
Museo Oriental de Valladolid (aquí)]


“¡Vaya! Esto es ciertamente interesante”. Es lo que pensé al leer el comentario que me lleva a escribir esta entrada de El devenir de la ciencia. Me refiero a la sagaz observación de José Luis Sampedro en su diálogo con Valentín Fuster, recogida en La ciencia y la vida, sobre la diferente mentalidad de occidentales y orientales (chinos en este caso) a la hora de aplicar ingenios. Dice el escritor y economista que en Occidente tres fueron los inventos decisivos que marcaron el paso de la Edad Media a la Edad Moderna: la imprenta, la pólvora y la brújula. Trío de ingenios que cambiaron radicalmente las perspectivas de los europeos de entonces.

La imprenta permitió la difusión de la cultura y de las ideas; la pólvora, con su poder destructivo, permitió acabar con los castillos, vencer a los invencibles, a los poderosos, terminar con el feudalismo; y la brújula, delicado instrumento que posibilitó las grandes navegaciones, cruzar los océanos y consecuentemente conquistar lejanos territorios, explotar sus recursos, comerciar o intercambiar aspectos culturales. Pero, en cambio, estos tres inventos cruciales fueron desarrollados por los chinos mucho antes, mas le dieron (al menos principalmente) otros usos, que un occidental calificaría como poco prácticos. No usaban la pólvora para la guerra sino para fuegos artificiales. “Para un chino batirse con un artefacto tan ordinario como la pólvora era un acto indigno de un ser humano”, dice Sampedro. La brújula tardaron en usarla para la navegación, porque no tenían necesidad (o no sentían dicha necesidad) de largos viajes cruzando ignotos mares, ya que su mentalidad oriental, su particular concepción de la vida, les hacía ver que todo lo que necesitaban lo tenían dentro, no entraba en sus esquemas salir y buscar fuera, ampliar horizontes, conquistar tierras extrañas o integrarse en el resto del mundo. Respecto de la impresión de textos los chinos utilizaban bloques de madera grabados pero, afirma Sampedro, “el arte de la caligrafía les parecía algo muy superior y tan extraordinario que lo preferían mil veces a la tosquedad de la huella de los bloques”. No le falta razón a nuestro entrañable e ilustre escritor, pero es interesante, y nos enriquece, indagar un poco en el asunto y detallar algo las aplicaciones que le dieron los chinos a estos tres antiguos inventos que, transcurridos varios siglos, fueron utilizados con fines expansivos por los europeos y que a la sazón suponen la entrada en una nueva época.

Antes de hacer un breve repaso a estos inventos orientales, que posiblemente se introdujeron en Occidente gracias a los árabes (brújula) y los mongoles (imprenta y pólvora), incorporamos las palabras de E. H. Schafer, que resultarán ilustrativas: “Cuatro inventos tecnológicos chinos de los tiempos de Han [dinastía china que abarca desde el 200 a. C. hasta el 200 d. C., aproximadamente] y medievales pusieron los cimientos para la exploración y colonización europeas del mundo: la brújula se convirtió en el instrumento de los exploradores marinos de Portugal, Holanda e Inglaterra (sic); la pólvora permitió a los europeos subyugar las tierras que descubrieron; el papel y el arte de imprimir hicieron posible la difusión de sus ideologías y leyes” (La China antigua; volumen de la obra Las grandes épocas de la humanidad. Historia de las culturas mundiales; Time-Life, 1974).

Digamos que, aunque las principales contribuciones chinas son de carácter tecnológico, en la antigüedad este pueblo se dedicó profusamente a la astronomía y a la alquimia. Ambas, para los chinos, con finalidad trascendental. La observación de los astros pretendía, como en otras culturas antiguas, poder realizar predicciones astrológicas, mientras que el principal objetivo de la alquimia china, muy influida por el taoísmo y su idea de la transmutabilidad de todas las sustancias, era la obtención de la poción de la inmortalidad.

Pero son los inventos chinos, que también buscan al principio una finalidad trascendente, los que adquieren enorme relevancia y terminarán marcando, con aplicaciones distintas a las originarias, el destino de Occidente. Comencemos remontándonos al siglo VIII de nuestra era, con la imprenta. Parece ser que ya en el siglo VII los chinos utilizaban bloques de madera como técnica de impresión, si bien el libro impreso más antiguo es un texto sagrado budista del siglo VIII. La imprenta evolucionó del grabado en bloques de madera hacia los caracteres móviles, invención atribuida a Pi Sheng (primera mitad del siglo XI). Encontramos narraciones biográficas de los santos taoístas, instrucciones para preparar hechizos budistas, escritos sobre artes adivinatorias y otros, como diccionarios (un poco de luz entre tanta niebla mágica y religiosa). 

 [Las propiedades explosivas de mezclas con salitre fueron advertidas por los alquimistas chinos, quienes no consiguieron elixir alguno de la inmortalidad (como es natural) pero sus trabajos, a veces peligrosos, condujeron a la fabricación de la pólvora, mezclando salitre, carbón vegetal y azufre en las proporciones adecuadas. Fuente de la imagen aquí.]



La pólvora posiblemente ya se manejaba en el siglo VII y en un libro taoísta del siglo IX se recomienda a los alquimistas no mezclar carbón vegetal, salitre (nitrato de potasio) y azufre debido a sus peligros pues “los que lo hicieron vieron explotar la mezcla, ennegrecer sus barbas y arder la casa donde trabajaban”. En el siglo XI se especifica por primera vez la composición en términos cuantitativos de la pólvora: 75,7 % de salitre; 14,4 % de carbón vegetal; y 9,9 % de azufre. Los chinos usaron la pólvora con fines rituales (petardos para espantar a los demonios y fuegos artificiales con finalidades similares) y en exhibiciones pirotécnicas para las grandes celebraciones, pero no utilizaron el poder destructivo de la pólvora en la guerra hasta el siglo XI (emplearon, por ejemplo, fusiles de bambú).

[Brújula china, con cuchara imán que representa a la Osa Mayor, y tabla adivinatoria con simbología Feng Shui. Imagen procedente del blog "Gustalva"]
 

En el siglo III a. C. hay textos chinos que se refieren a la piedra imán (magnetita) como la “piedra cariñosa” o la “piedra que copula”. Utilizaron los chinos los imanes con fines adivinatorios, la geomancia. Así, usaron agujas imantadas para hallar el que creían, según sus ideas, emplazamiento adecuado para una vivienda o una tumba. Emplearon tablas adivinatorias en las que un imán tallado en forma de cuchara pivotaba orientándose en el campo magnético terrestre (Norte-Sur). Esta aplicación mágica de la brújula hizo que permaneciera largo tiempo restringida para los iniciados en las artes secretas adivinatorias y no tuviera otras aplicaciones prácticas de interés. La tabla adivinatoria magnética pudo ser inventada a comienzos de nuestra era, adoptando el aspecto de una brújula, con su aguja imantada, entre los siglos IV y VI, aunque no puede asegurarse con certeza ya que no hay documentos que lo atestigüen, pues los jesuitas quemaron los manuscritos de geomancia en los autos de fe celebrados en el siglo XVII. Aunque muy posiblemente la brújula se emplea desde la época Han y es utilizada más tarde en la navegación (siglo X) no es hasta 1044 cuando hallamos un tratado (de tecnología militar) que describe el magnetismo terrestre y su capacidad de orientar una aguja imantada en una brújula del tipo “pez flotante” (la aguja es una fina y cóncava pieza de hierro magnetizada, con forma de pez, flotando en un recipiente con agua).

La pólvora, la brújula y la imprenta, ingenios de origen chino, tuvieron en Oriente unos usos iniciales muy distintos a aquellos, relacionados con la conquista de territorios, la exploración y la difusión o incluso dominio cultural, que alcanzaron en Occidente.







PARA SABER MÁS:

- La China antigua; E. H. SCHAFER; volumen dedicado a China en la obra Las grandes épocas de la humanidad. Historia de las culturas mundiales. Time_Life, 1974.
- Los grandes inventos; MICHEL RIVAL; Larousse, 2000.
- Referencia imprescindible para profundizar en la ciencia y tecnología china son los estudios de JOSEPH NEEDHAM.

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