martes, 3 de marzo de 2009

Las vicisitudes de Emmy Noether, matemática genial


(Foto de Amalie Emmy Noether; procedente de http://centros5.pntic.mec.es)
Como siempre, leímos con interés el artículo del pasado jueves (26 de febrero) del profesor Lozano Leyva en su (imprescindible) columna "El electrón libre", del diario Público (http://blogs.publico.es/ciencias/630/el-teorema-mas-bello), que llevaba por sugerente y atractivo título "El teorema más bello". Allí, acertadamente, el profesor Lozano nos animaba a profundizar en la vida y obra científica de la gran matemática Emmy Noether; cosa que, aplicadamente, hemos hecho.
Aquí, en "El devenir de la Ciencia", creo oportuno incluir una pequeña biografía de la matemática alemana tomada del ensayo inédito de mi padre, Fernando Rivero Garrayo (1925 - 2005), escrito en 2002, al que tituló "Los judíos y la ciencia".
Dice así:
"Trataremos ahora de una mujer científica. Nos referimos a la matemática Amalie Emmy Noether (1882 - 1935). Había nacido en Erlangen, Alemania, una ciudad pequeña, pero de gran tradición cultural, pues tenía universidad desde el siglo XVIII. Noether estudió en la escuela municipal de educación superior para mujeres de su ciudad natal, aprobando con muy buenas notas los exámenes para maestros de inglés y francés, lo que le facultó para enseñar estos idiomas en un centro femenino. Su aspiración, sin embargo, era realizar estudios universitarios. Esto no era contemplado por el antifeminismo de la época, por lo que sólo le permitieron asistir a las clases de la universidad, pero no para examinarse y, por lo tanto, para adquirir un título superior, a pesar de que su padre, Max Noether (1844 - 1921) era un catedrático de la universidad muy apreciado profesionalmente. Al admitir la universidad en 1903 a mujeres, Emmy Noether se matriculó y cuatro años más tarde leía su tesis doctoral sobre invariantes algebraicos, que fue calificada de summa cum laude. Después de dar clases, en 1915 se fue a la universidad de Gotinga -famosa como centro matemático europeo por enseñar en ella matemáticos de primera categoria como David Hilbert y Felix Klein-, pero fue vedada como profesora universitaria por los miembros no matemáticos del claustro universitario. Sólo en 1919 logró un puesto de profesora de matemáticas en Gotinga, pero sin remuneración regular, no obstante los elogios que recibió de grandes matemáticos. Este puesto profesoral le fue negado en 1933, como judía, a la subida de Hitler al poder, por lo que emigró a Estados Unidos. Allí aceptó el cargo de profesora de matemáticas en un college femenino de Pensilvania, dando también clases en el renombrado Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde entre otros grandes científicos estaba Einstein. Poco tiempo estuvo en estos cargos, pues dos años después moría como resultado de una operación. Durante su vida, su labor investigadora la dedicó al álgebra abstracta y a la Relatividad general, siendo muy apreciados estos trabajos por los más importantes matemáticos."
Caso paradigmático el de Emmy Noether de las enormes dificultades que encontraron las pioneras científicas a comienzos del siglo XX.

2 comentarios:

Mª Ángeles Pérez S. dijo...

Admirable la perseverancia de esas mujeres a las que se le negaba algo tan básico como la formación, el trabajo y lo que es más penoso el reconocimiento de su valía como persona, por el mero hecho de haber nacido mujer. ¡ Qué pena¡. Me gusta que casos como el de Emmy Noether, que no son pocos, salgan a la luz pública para que con la vergüenza que producen evitemos que suceda hoy, algo parecido.
Gracias por informarme compañero. Lo transmitiré.
Mª Ángeles Pérez

Yolanda Mahecha Sierra dijo...

Poco lectora de artículos científicos y culturales, me identifico plenamente con que la mujer tiene la misma valía del hombre y con el agravante de llevar las riendas del hogar.
En días pasados leí un artículo sobre "el impuesto color rosa", el cual me perturbó porque consideraba que en ésta época y en ·países civilizados· ya se había superado esa rivalidad entre los dos sexos y esto sonó terrible, despreciable e inadmisible.
Las mujeres nos hemos ganado un espacio en la sociedad y ha sido muy duro, por los constantes ataques que sufrimos,incluyendo los de índole sexual, racista y credo.
Felicitaciones por éste artículo tan bueno e ilustrativo.
Yolanda Mahecha Sierra