sábado, 8 de noviembre de 2008

Galileo y el telescopio




No está del todo clara la autoría de la invención del telescopio. Según nos cuenta Arthur Koestler en su biografía de Kepler (Biblioteca Salvat de Grandes Biografías, Barcelona, 1985), el 2 de octubre de 1608, el fabricante de lentes holandés (de Middleburg) Lippershey solicitó al gobierno de su país una licencia por treinta años para manufacturar telescopios con lentes simples y dobles. Parece ser que durante el siguiente mes vendió varios de sus catalejos, pero no le fue concedida la licencia en exclusiva debido a que en el intervalo otros dos hombres habían presentado el mismo invento.


No obstante, recientes investigaciones llevadas a cabo por Nick Pelling, atribuyen la autoría del invento a un español, el catalán Juan Roget en 1590. El catalejo de nuestro compatriota habría sido copiado por Zacharias Janssen, quien intentó patentarlo el 17 de octubre. Éste y Jacob Metius, que intentó patentarlo el día 14, serían los dos hombres a los que se refería Koestler. El informático Nick Pelling defiende su tesis apoyándose en las pesquisas de José María Simón de Guilleuma (1886 - 1965), quien no llegaría a concluir su investigación.


En 1609 varios telescopios holandeses llegaron a Italia y fueron copiados. Galileo, que había tenido noticias del invento, decidió construir un instrumento similar, para lo cual se vio obligado a estudiar profusamente la teoría de la refracción. Lo cierto es que, dadas su habilidad y capacidad intelectual, Galileo perfeccionó notablemente el catalejo, convirtiéndolo en un verdadero telescopio refractor capaz de escrutar los cielos como nunca se había hecho antes (¡ay, Tycho Brahe, si hubieras vivido un poco más para poder usar el telescopio en tus observaciones astronómicas!).


Cuenta Koestler que Galileo, tras sucesivas mejoras de su telescopio, comenzó a apuntarlo hacia la Luna y las estrellas (que anteriormente no le habían atraído demasiado). Según palabras del propio sabio pisano, logró construir un instrumento tan superior que los objetos vistos a través de él aparecían aumentados casi un millar de veces, y parecían estar más de treinta veces más cerca que vistos simplemente con los ojos (como hizo Brahe). Afirmaba esto Galileo en Sidereus Nuncius ("El mensajero sideral"), publicado en Venecia en marzo de 1610. Fue esta la primera obra científica de Galileo, en la que no sólo describía su telescopio y los descubrimientos efectuados con él, sino que el libro, como indica Koestler, estaba escrito en un estilo nuevo, claro y conciso que ningún erudito había empleado antes (se vislumbra ya aquí al gran Galileo, el que sería considerado padre de la nueva ciencia, basada en el método experimental). Con su telescopio observó la Luna (con sus "mares" de polvo, cráteres y cadenas montañosas), el Sol (con sus zonas oscuras o manchas) y los planetas. De gran trascendencia es el descubrimiento de cuatro lunas de Júpiter el 7 de enero de 1610, satélites que giraban alrededor del más gigante de los planetas exteriores. Pruebas evidentes a favor de la teoría heliocéntrica de Copérnico (aunque a la sazón no tan evidentes para muchos, ¡pobre Galileo!).

4 comentarios:

Pepe Garrido dijo...

Me parece muy buena la idea de crear este blog. Muy interesante. Seguro que tus ciberlectores podremos sacarle mucho jugo. Ánimo, Bernardo, que la experiencia es muy bonita. Ya exploraremos algunas maneras de colaboración entre nuestros blogs.

Pablo Fergó dijo...

Recuerdo a mi hermano mayor allá por el 76 (hace tres días) en la terraza de casa, sentado ante un montón de arena y un trozo de cristal gordísimo al que quería dar forma cóncava o convexa, no recuerdo, porque su sueldo no alcanzaba a comprar el artilugio de su nuevo hobby. El cristal en su vaivén en ocho adquiría tal temperatura que tenía que enfriarlo en un cubo de agua. Al final de su experimento no identificado tan solo consiguió ver el cielo borroso y lleno de virutas. Hasta hace poco estuvo el cristal rodando por casa de mis padres.
Muy buena la serie de tu anterior entrada, la trajeron a mi biblioteca hace un par de meses y la vi completa, con actualizaciones realizadas por el propio Sagan. En ella ya se advertía de muchas cosas que están ocurriendo ahora, del efecto invernadero por ejemplo.

Jorge Ordaz dijo...

A través del blog de su hermano Antonio he dado con el suyo. Sus comentarios sobre el mundo de la ciencia -un campo que compartimos- me parecen muy acertados e informativos.
Por si le interesa, en mi blog Obiter dicta incluyo una etiqueta, "Geoletras", sobre relaciones entre geología y literatura.
Saludos.

Bernardo Rivero dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. Tenéis abiertas las puertas de "El devenir" para cuando queráis entrar.
Bernardo R.