miércoles, 14 de enero de 2015

Divulgación científica en la televisión pública

Queremos más divulgación científica en la radio y la televisión públicas de nuestro país. Queremos, claro que sí, más música de calidad, más literatura, más historia... ¡Más cultura!

De momento nos conformamos con algunas propuestas actuales y otras ya desaparecidas (pero recuperables) que podemos disfrutar "a la carta" en Internet. La última novedad es el programa Órbita Laika, divulgación científica de muy bajo nivel (muy accesible, no es una crítica, pues la ciencia no sólo debe llegar a los interesados y predispuestos sino a cualquier espíritu mínimamente curioso, por ejemplo, el amable camarero que nos sirve el placentero café matutino), con humor bien dosificado. No es mi programa de divulgación preferido, pero es interesante y necesario, muy necesario.



Y no podemos olvidarnos de tan valiosas propuestas televisivas como Tres14 y las entrevistas de Científicos de frontera.


domingo, 4 de enero de 2015

Alessandro Volta (no sólo la pila). Parte 2ª.

[Delante del Templo Voltiano, en Como (Lombardía; Italia). El monumento alberga un museo dedicado al inventor de la pila eléctrica. B. R. (enero de 2014)]

[Estatua que representa a la Ciencia en la entrada del Templo Voltiano (Como)]


Las primeras investigaciones de Volta sobre la electricidad versaron sobre las dos clases de electricidad al frotar un cuerpo con otro, estableciendo así una escala de electrización: vidrio (+)/ piel de gato/ seda/ uñas/ resina (-). Pero su primer trabajo importante fue la invención [o perfeccionamiento] , en 1775, del electróforo (vídeo aquí), que describe en una carta a Priestley, y que consta de un plato de estaño recubierto de una pasta aislante (él probó varias, como lacre, azufre o cera) y encima una especie de escudo metálico con un mango aislante de vidrio. Cuando se carga el escudo con una máquina eléctrica y se levanta, se produce una descarga cuando se acerca una mano, y esto ocurre cuantas veces se repita la operación. Este electróforo le dio fama a Volta en toda Europa. Unos años después lo convierte en un condensador con una capa muy fina de barniz, o de goma, entre dos disc os metálicos; con él logró producir chispas con la electricidad atmosférica.

También construyó Volta un electroscopio con dos pajitas encerradas en un recipiente (en lugar del antiguo con dos bolitas de médula de saúco descubiertas) que terminaba exteriormente en una bola metálica (el electroscopio de panes de oro fue inventado algo después por Abraham Bennet).

Asimismo inventó Volta el electrómetro condensador, que consistía en un electroscopio cuyo vástago termina en un platillo conductor que se enfrenta a otro paralelo a él y móvil con un mango aislante, formando un condensador. Al cargar éste y alejar el segundo platillo se separan las hojas del electroscopio, lo que servía para medir la diferencia de potencial (o tensión, como decía Volta) entre los dos platillos. Modernamente, para medir la diferencia de potencial se usan los electrómetros como el de Lord Kelvin (William Thomson; 1824 - 1907).

En 1778 Volta descubre el metano (que llamó "gas inflamable de los pantanos" para distinguirlo del otro gas inflamable que era el hidrógeno) y estudia su inflamación por la chispa eléctrica, e incluso idea una lámpara para este gas. También se le debe el eudiómetro (del griego "eudía", tiempo sereno, y "metron", medida), basado en la recogida de gases en un tubo introducido en una cuba con agua (como hacía Priestley), graduado para medir volúmenes de gases en los que se producía una chispa eléctrica, como hizo Volta al estudiar la combustión del hidrógeno con el oxígeno del aire.


[Placa conmemorativa del centenario de la pila eléctrica (1799 -1899), en honor a Volta, "por los telegrafistas de todas las naciones". Interior del Broletto, antiguo ayuntamiento o palacio comunal del siglo XIII, junto al Duomo, en la ciudad natal de Alessandro Volta: Como. Foto: B. Rivero (enero de 2014)]

(...)

(Continuará)


Texto: FERNANDO RIVERO GARRAYO (2001).

Fotos: Bernardo Rivero Taravillo (viaje a Lombardía, Italia; enero de 2014).

viernes, 2 de enero de 2015

Alessandro Volta (no sólo la pila). Parte 1ª.

[Estatua de VOLTA en la localidad lombarda de Como, su ciudad natal]

A caballo entre los siglos XVIII y XIX, así como entre la electrostática y electrocinética, a las que dio importantes contribuciones, se encuentra el físico italiano, rival científico de Galvani, Alessandro Volta (1745 - 1827). Nacido en Como, de familia noble pero no demasiado pudiente, Volta no destacó intelectualmente en su infancia, puesto que no empezó a hablar con soltura hasta los siete años. En la adolescencia leyó toda clase de libros, pero pronto se interesó por los fenómenos eléctricos, e incluso se carteó con famosos especialistas en esta materia.

Alessandro Volta fue profesor de física en el liceo de su ciudad natal durante unos años y a partir de 1778 ocupa la cátedra de la misma materia en la universidad de Pavía.

[Estatua de Volta en la universidad italiana de Pavía.
Foto tomada en enero de 2014; Bernardo Rivero]

[Inscripción a la entrada del Aula Volta en la universidad de Pavía]

Dos años después, Volta realiza un largo viaje por Francia, Inglaterra y Países Bajos, en el que visita a importantes científicos, con los que intercambia ideas y realiza sus propios experimentos. Entre estos intelectuales estaban Franklin (entonces representante de Estados Unidos en Francia), Priestley y, especialmente, Lavoisier y Laplace con los que realiza experimentos sobre la dilatación térmica de gases.

Volta recibió, incluso antes de la invención en 1800 de su pila eléctrica, numerosos honores, como la medalla Copley de la Royal Society. Fue invitado a ir a París por Napoleón (siempre aficionado a la ciencia) para que expusiera sus experiencias eléctricas ante el Instituto de Francia, que agrupaba a las distintas Academias, a las que asistió el mismo Napoleón. A instancias de este, se nombró una comisión formada por ilustres científicos, entre ellos Coulomb y Laplace, que emitieron un informe favorable a la concesión de una medalla de oro al físico lombardo, acompañada de una dotación económica.

Napoleón lo nombra conde y ante la solicitud de Volta de su jubilación como profesor de la universidad de Pavía por encontrarse cansado después de tantos años de intenso trabajo, Napoleón (Francia, en aquella época, era dueña de toda Italia) se opuso a ello porque "un buen general muere en el campo de batalla". No obstante, ya le quedó a Volta muy poco tiempo de actividad docente y, a partir de 1809, se dedica a la administración de sus bienes y a la educación de sus hijos, abandonando por completo su interés por la ciencia, muriendo a la considerable edad de 82 años.

(...)
(Continuará)

Texto: FERNANDO RIVERO GARRAYO (2001); catedrático de Didáctica de las Ciencias Experimentales en la universidad de Sevilla.

Fotos: Bernardo Rivero Taravillo (viaje a Lombardía, Italia, en enero de 2014).


- Alessandro Volta (no sólo la pila). Parte 2ª.

martes, 23 de diciembre de 2014

Amor, conocimiento y piedad


"Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad"



Mis más sinceros deseos de paz para todos. Os lo deseo este difícil año que termina con la cita del inolvidable Bertrand Russell y con estas canciones del legendario grupo escocés Runrig:





 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Una historia cultural de los elementos químicos

[Fuente de la imagen: www.casadellibro.com (aquí)]

He comenzado ya la lectura de La Tabla Periódica: la curiosa historia de los elementos (Ariel, 2013) del inquieto y polifacético Hugh Aldersey-Williams. Una historia de los elementos químicos con un enfoque cultural. No es una mera aproximación a los elementos químicos desde un punto de vista histórico sino que aquí cobra singular relieve el papel desempeñado por cada elemento químico en la vida de las personas, en el arte, en la economía, en la historia de los pueblos, en la cultura en su sentido más amplio.

El libro es de lectura muy agradable y accesible para personas sin formación científica. Nadie debería asustarse ante esta Tabla Periódica, que no hay que estudiar sino disfrutar de ella. De momento, sólo un lunar; me ha producido cierto disgusto que no se mencione a Antonio de Ulloa en el capítulo dedicado al hoy valiosísimo (no siempre fue así) platino.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

En el cometa

[Descripción y fuente de la imagen aquí
(ESA) ]


El día ha estado lleno de dificultades, pero hoy lo vemos de color Rosetta.

Sobre la gran noticia:



lunes, 10 de noviembre de 2014

Un poco de paz

Lunes. La semana promete ser dura y complicada; agotadora, inclemente. Un poco de paz y reconciliación con el mundo gracias a Jake Walton:





(Recordando al químico y músico escocés Alex Atterson he terminado en las bellas canciones de Jake Walton. Dos grandes).

martes, 4 de noviembre de 2014

Upsala, ciudad de ciencia

La pequeña ciudad sueca de Upsala (o Uppsala) no puede entenderse sin su antigua universidad y sin los eximios científicos ligados a ella. Entre ellos, Celsius y Linneo. El primero, como es bien conocido, inventor de la escala centígrada de temperatura que lleva su nombre (con dos puntos fijos: O grados para la ebullición del agua y 100 grados para la congelación; posteriormente se invirtieron los valores de referencia adoptando la forma que hoy usamos). Anders Celsius (1701 - 1744) fue astrónomo y participó en la célebre e importante expedición a Laponia para medir allí un grado de meridiano y contribuir a la determinación de la forma de la Tierra, demostrándose que estaba achatada por los polos, de acuerdo con Newton.

 [Termómetro original de Celsius
Museo Gustavianum. Universidad de Upsala]

Y, ¿quién no conoce a Linneo? Carl von Linné (1707 - 1778), botánico, ideó el sistema binomial de nomenclatura científica para las especies de seres vivos, hoy usado por los biólogos.

Upsala es una encantadora ciudad universitaria nórdica que merece ser paseada sin prisas, con un magnífico edificio, frente a la gran catedral con sus dos torres afiladas, el Museo Gustavianum de la Universidad, que alberga interesantes exposiciones, entre ellas unas vitrinas dedicadas a insignes hombres de ciencia de aquella institución académica, con destacado protagonismo para Celsius (podemos ver su termómetro, con su escala original en la que el agua hervía a cero grados y congelaba a cien) y para el gran naturalista Linneo. Pero el Gustavianum tiene algo magnífico y singular: la cúpula central que contiene el impresionante teatro anatómico. Allí la imaginación se apoderará de nosotros.

[Edificio del Museo Gustavianum]

¿Damos un paseo por Upsala?

Aquí: programa Nómadas, de RNE, dedicado a Upsala.


En El devenir de la ciencia:

- Sobre CELSIUS.

- Sobre RUDBECK.

martes, 28 de octubre de 2014

Atrévete con energía



No te vas a hacer millonario pero puede que aprendas cosas útiles sobre el importante mundo de la energía:

lunes, 13 de octubre de 2014

Filosofía natural

"Las causas primordiales no nos son conocidas; pero están sujetas a leyes sencillas y constantes que pueden describirse mediante la observación y cuyo estudio es el objeto de la filosofía natural".

Estas palabras de Jean-Baptiste Joseph Fourier, matemático y físico francés cuyos trabajos fueron de gran importancia para William Thomson (Lord Kelvin), abren el prefacio del célebre tratado del gran físico británico del siglo XIX, escrito junto con Peter G. Tait, titulado Treatise on Natural Philosophy (el primer volumen vio la luz en 1867). Una magna obra en la que Thomson y Tait (popularmente conocida en la época como "T&T") abordaban los problemas de las diferentes ramas de la física a partir de la idea de energía (en la imagen una edición reciente del tratado).

Ellos, ya en la segunda mitad del XIX, continuaron con la denominación clásica de filosofía natural o filosofía de la naturaleza para referirse a la física, tal como había hecho Newton y se seguía haciendo en las universidades británicas "para referirse a la investigación de las leyes del mundo material y a la deducción de resultados no observados directamente". Hasta mediados del siglo XIX se habla de filosofía natural para designar a las ciencias naturales, particularmente la física (no comienza a emplearse la palabra "científico" hasta unos años después de 1830, con anterioridad se usaba "filósofo natural"). Gradualmente, desde mediados del siglo XIX, el término "física" se fue implantando.

 [Sobre el Treatise on Natural Philosophy, el "T&T", de Thomson y Tait, puede leerse "Un tratado pionero", perteneciente al capítulo 4 ("La visión mecanicista") del libro Lord Kelvin. La termodinámica clásica. La física entra en calor, de ANTONIO M. LALLENA; RBA, 2013]

martes, 7 de octubre de 2014

Química visual

La química es una ciencia experimental y, por tanto, la observación (un experimento no es otra cosa que una forma de observación, bajo control, en la que se miden y relacionan variables) es esencial. A veces (en contra de lo que pueden pensar muchos, que sólo ven en la química negros humos y sucias aguas) la observación de fenómenos químicos nos asombra por su espectacularidad o incluso belleza. En Beautiful Chemistry dan buena cuenta de ello. Una muestra:


Y podemos aprender algunas de las técnicas básicas de un laboratorio de química en los vídeos educativos de UPCtv. Por ejemplo:


Los alumnos también nos explican sencillos experimentos que captan nuestra atención:


La química se estudia, se lee, se hace. Y, por supuesto, se ve.

(Más experimentos aquí)

jueves, 25 de septiembre de 2014

El latido de las nubes

Precioso vídeo con música de Erik Satie. Las cambiantes nubes son las protagonistas.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Vida y legado de Marie Curie

Extracto de la conferencia de José Manuel Sánchez Ron en la Fundación Juan March sobre la más célebre de las mujeres científicas, la inolvidable Marie Curie, aquí.

Y un interesante vídeo:




lunes, 1 de septiembre de 2014

Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte III)

[Alfred Nobel de joven (izquierda) con su hermano Ludvig en San Petersburgo hacia finales de la década de los 40 del XIX. Todos los hermanos Nobel fueron emprendedores y colaboraron siempre estrechamente en los negocios, particularmente de los explosivos y de la emergente industria petrolera. Fuente de la imagen aquí (Nobelprize.org)]


Sabía bien Alfred Nobel que para poder comercializar con éxito el aceite explosivo o nitroglicerina (tan peligroso de manipular, como había denunciado Ascanio Sobrero, su descubridor) tenía que idear algún dispositivo que permitiera controlar de forma segura el potente explosivo. Así, poco después de patentar su método de producción de nitroglicerina (1863), logra diseñar un componente clave para alcanzar su propósito: el detonador o "encendedor inicial" (una cajita de madera o "cápsula fulminante", sustituida después por un casquillo metálico, con una carga de pólvora negra en su interior). Este invento del detonador de Nobel es considerado por muchos tan relevante o más que el de la dinamita y puede afirmarse que hay un antes y un después en la historia de los explosivos con esta invención del químico sueco.

A mediados de los años 60 es ya Alfred Nobel no sólo un inventor sino un decidido empresario que pretende abrir fábricas de explosivos en diferentes partes de Europa y de los Estados Unidos. En 1865 pone en marcha la importante fábrica alemana de Krümmel, próxima a la ciudad de Hamburgo. Pero los accidentes con la nitroglicerina siguen haciendo estragos y Nobel no descansa para intentar reducir los riesgos del transporte, almacenamiento y manipulación de la nitroglicerina. Prueba con materiales porosos con escaso éxito hasta que lo hace con tierra de diatomeas, que abundaba en la región de Alemania donde se encontraba. La tierra de diatomeas, diatomita o kieselgur es una roca sedimentaria silícea formada por microfósiles de diatomeas (algas unicelulares marinas) de elevada porosidad y cualidades adsorbentes. Observó Nobel que la tierra de diatomeas quedaba impregnada de nitroglicerina formando una pasta que se podía amasar y darle fácilmente forma de barras. De esta manera podrían fabricarse cartuchos de tierra de diatomeas impregnada de nitroglicerina cuyo transporte y almacenamiento no supusiera un riesgo importante, estando la explosión controlada por un detonador o "encendedor Nobel". A esta masilla explosiva quiso darle el inventor sueco el nombre de dinamita, haciendo referencia a la "fuerza" del nuevo explosivo comercializable. En 1867 obtiene finalmente las patentes de la dinamita en diferentes países, entre ellos Estados Unidos.

A pesar del temor y la desconfianza hacia los inventos de Nobel en algunos momentos la carrera empresarial de Nobel no para, y sus experimentos tampoco. Su dinamita era un magnífico logro para una época en la que la minería y las grandes obras públicas estaban en auge pero Alfred Nobel era consciente de que tenía que seguir investigando para obtener explosivos seguros y más potentes. Se fijó en la nitrocelulosa o algodón pólvora. Y con el tiempo inventaría dos explosivos más de importancia: la gelignita o gelatina explosiva y la balistita o pólvora casi sin humo (que sustituiría a la pólvora negra en armas de fuego).



La nitrocelulosa es un sólido amorfo, parecido al algodón, inflamable. Contiene entre un 10 % y un 14 % de nitrógeno (N). La nitrocelulosa de mayor contenido en N se utiliza en explosivos, mientras que la de menor porcentaje forma parte del colodión (disolución de nitrocelulosa que es un líquido viscoso amarillo pálido que es empleado como recubrimiento de heridas y rozaduras) y lacas. Se obtiene por tratamiento de la celulosa (por ejemplo, de la pulpa de madera) con mezcla de ácidos nítrico y sulfúrico.

Parece ser, según cuenta el mismo Alfred Nobel, que aplicó colodión a una herida en un dedo tras sufrir un corte. Y allí, en el laboratorio, al observar la capa elástica que dejaba el colodión, se le ocurrió mezclarlo con, ¡cómo no!, nitroglicerina, dando lugar a una masa gelatinosa. Era el nacimiento de un nuevo explosivo (patentado en 1876): la gelatina explosiva, más potente que la nitroglicerina y sin los riesgos de ésta.

Muchos aspectos de la intensa vida de Alfred Nobel se quedan fuera de este artículo, por lo que invito al lector curioso a profundizar más en otros trabajos. Concluyo con un pequeño fragmento de una carta de Alfred Nobel a su hermano Ludvig, que constituye el prólogo de la deliciosa biografía novelada del inventor de la dinamita escrita por Austin Tower (Alfred Nobel; Editorial Dólar, Colección Celebridades; Madrid, ¿1951?). Nos da muestras de su personalidad. Así habla Alfred Nobel de sí mismo:

"Su principal mérito consiste en mantener sus uñas limpias y en no haber sido jamás una carga para nadie. Sus faltas peores: carece de familia, tiene mal genio y padece de indigestión. Su único deseo: que no se le entierre vivo. Su peor pecado: no adorar el dinero. Importantes sucesos en su vida: ninguno".


Pueden leerse las dos partes anteriores de este breve recorrido por la vida e inventos de Alfred Bernhard Nobel aquí:

- "Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte I)".

- "Alfred Nobel: emprendedor y experimentador incansable (parte II)".


Para saber más:

- FRÄNGSMYR, TORE. Alfred Nobel. Instituto Sueco. Estocolmo, 2013.

- VV. AA. Crónica de la Técnica. Plaza & Janés Ed., Barcelona, 1989.


En Internet:

- Página web oficial de los Premios Nobel: www.nobelprize.org.

- Presentación de Miguel Ángel Sierra sobre explosivos: "Materiales energéticos"