[Imagen de mi presentación Científicos andaluces en la historia (los grandesdesconocidos), en slideshare; pínchese aquí]
Por ello rescato y traigo a El devenir de la ciencia las líneas que dediqué a Benito Daza en mi artículo Científicos andaluces. Una aproximación histórica. Este trabajo fue publicado en 2008 en la Revista Digital de Ciencias del Club Científico Bezmiliana.
"Lamentablemente España no participó en la Revolución Científica del
siglo XVII, que supuso una ruptura con el saber y los métodos clásicos,
quedando bastante aislada. En las primeras décadas de este siglo la
actividad científica en nuestro país siguió siendo importante, sin
embargo, ésta, salvo contadas excepciones, se desarrolló al margen de
las nuevas corrientes de pensamiento europeas. En este contexto trabaja
el cordobés Benito Daza de Valdés (1591-1634), quien puede ser
considerado como uno de esos científicos españoles que no padeció la
“miopía intelectual” característica de sus compatriotas de aquella
época. Su libro Uso de los antojos [anteojos] para todo género de vistas (1623) es
el primer tratado de Óptica escrito en castellano. No sólo contiene
fundamentos teóricos, sino que es de gran interés práctico: utilización
de lentes para corregir los defectos visuales, operación de cataratas,
etc. En su obra, Benito Daza citó ampliamente observaciones astronómicas
de Galileo. Curiosamente, este ilustre cordobés no era oftalmólogo,
sino notario de la Inquisición en Sevilla".
- Programa de RNE A hombros de gigantes (dirigido por Manuel Seara) dedicado al AñoInternacional de la Luz, donde se entrevista a Joaquín Campos, director del Instituto de Óptica del CSIC, y se nos habla de esta señalada celebración y de las importantes aplicaciones de la luz en nuestras vidas, tanto en fotónica (centrada en las manifestaciones de la naturaleza corpuscular de la luz) como en óptica (referida a las manifestaciones de la luz como onda electromagnética). Descargable.
Es sin duda Linus Pauling uno de los científicos más importantes del pasado siglo y una figura singular y notable que ha tenido gran influencia no sólo en el ámbito del conocimiento; pues su activismo pacifista en los ya lejanos años de la guerra fría, oponiéndose a los conflictos bélicos y denunciando los ensayos nucleares, tuvo gran resonancia y le hizo merecedor (no sin haberle causado antes problemas en su país) del premio Nobel de la Paz en 1962 y, años más tarde, del premio Lenin de la Paz (mañana, 30 de enero, celebramos la comunidad educativa el Día Escolar de la No Violencia y la Paz). Nacido en 1901 y fallecido en 1994, el ilustre químico norteamericano fue testigo y protagonista de los revolucionarios avances científicos del siglo XX, como la mecánica cuántica (él fue pionero en su aplicación al estudio de los enlaces químicos) o la determinación de la estructura de la molécula portadora de la información genética, el ADN; pero también presenció con gran preocupación la disparatada y tensa escalada armamentística tras la trágica Segunda Guerra Mundial. No More War! (¡No más guerras!) fue su obra pacifista más destacada (1958).
Me sedujo el personaje en los años 80 cuando era yo un joven estudiante de Química, pues, como Pauling, veía en la vitamina C un antioxidante prometedor y eficaz en la prevención de infecciones y el cáncer. Sin embargo, jamás llegué a ingerir las abusivas dosis del gran químico estadounidense, quien en sus últimos años tomaba ¡más de 18 gramos diarios! Por muy hidrosoluble que sea el ácido ascórbico, la antioxidante vitamina C, y pueda eliminarse su exceso por la orina, las dosis de Pauling me parecen hoy exageradas y posiblemente con efectos secundarios indeseables.
[Sello norteamericano dedicado a Linus Pauling, quien estudió la hemoglobina y la anemia falciforme, proponiendo que ésta es causada por un defecto genético asociado a la síntesis de la proteína transportadora del oxígeno, la hemoglobina de los gĺóbulos rojos o eritrocitos. Imagen: Oregon State University (enlace aquí)]
Pauling se interesó por diversos problemas científicos. Relevante es su investigación de las proteínas (como la hemoglobina de la sangre) y otras biomoléculas, indagando la estructura de las macromoléculas de los seres vivos. Sus estudios de las proteínas le condujeron a proponer una estructura entriple hélice para el ADN (que resultó errónea) un par de años antes de que Crick y Watson hicieran lo propio en 1953, pero estableciendo éstos una doble hélice para la molécula portadora de la información hereditaria. Dice Mark Henderson (en 50 Cosas que hay que saber sobre Genética; Ariel Ed.) que Pauling fue el primero en sugerir una estructura helicoidal para el ADN y que podía haber llegado finalmente a la solución correcta de no haber sido por su activismo político y pacifista. Y es que en 1952 le fue retirado el pasaporte al ser declarado peligroso para el gobierno norteamericano por simpatizar con las ideas comunistas. Tuvo que renunciar a un viaje a Inglaterra y no pudo ver las imágenes cristalográficas del ADN que había obtenido Rosalind Franklin con rayos X, que sugerían una estructura en doble hélice.
Pero si Linus Pauling tiene gran significación en la química es, sobre todo, por su valiosísima contribución al conocimiento de los enlaces químicos para la explicación de la estructura de las moléculas. Propuso la hibridación deorbitales en la formación de enlaces y las estructuras resonantes (moléculas que "oscilan" entre diferentes estructuras), entre otras aportaciones importantes. Por ello, en 1954, le fue concedido el más alto galardón científico, el premio Nobel de Química, por su contribución al conocimiento del enlace químico. Su obra más célebre en este campo es The Nature of the Chemical Bond (1939), La naturaleza del enlace químico.
Se queda uno pasmado cuando lee la larga lista de premios y distinciones que tiene Linus Pauling, integrante del selecto y reducido grupo de científicos doblemente galardonados con el premio Nobel. El químico norteamericano (premios Nobel de Química y de la Paz) tiene el honor de haber recibido sus dos galardones de forma no compartida. Un científico sin duda magnífico y singular.
Mientras hay vida hay esperanza (dum spiro spero). La teoría del todo es una conmovedora película sobre la lucha del gran cosmólogo y divulgador Stephen Hawking y su primera mujer, Jane, contra la enfermedad cuando al prometedor físico británico le habían dado una esperanza de vida de dos años. El filme es de excelente calidad y las interpretaciones son memorables. Hay que verla.
Queremos más divulgación científica en la radio y la televisión públicas de nuestro país. Queremos, claro que sí, más música de calidad, más literatura, más historia... ¡Más cultura!
De momento nos conformamos con algunas propuestas actuales y otras ya desaparecidas (pero recuperables) que podemos disfrutar "a la carta" en Internet. La última novedad es el programa Órbita Laika, divulgación científica de muy bajo nivel (muy accesible, no es una crítica, pues la ciencia no sólo debe llegar a los interesados y predispuestos sino a cualquier espíritu mínimamente curioso, por ejemplo, el amable camarero que nos sirve el placentero café matutino), con humor bien dosificado. No es mi programa de divulgación preferido, pero es interesante y necesario, muy necesario.
Y no podemos olvidarnos de tan valiosas propuestas televisivas como Tres14 y las entrevistas de Científicos de frontera.
[Delante del Templo Voltiano, en Como (Lombardía; Italia). El monumento alberga un museo dedicado al inventor de la pila eléctrica. B. R. (enero de 2014)]
[Estatua que representa a la Ciencia en la entrada del Templo Voltiano (Como)]
Las primeras investigaciones de Volta sobre la electricidad versaron sobre las dos clases de electricidad al frotar un cuerpo con otro, estableciendo así una escala de electrización: vidrio (+)/ piel de gato/ seda/ uñas/ resina (-). Pero su primer trabajo importante fue la invención [o perfeccionamiento] , en 1775, del electróforo (vídeo aquí), que describe en una carta a Priestley, y que consta de un plato de estaño recubierto de una pasta aislante (él probó varias, como lacre, azufre o cera) y encima una especie de escudo metálico con un mango aislante de vidrio. Cuando se carga el escudo con una máquina eléctrica y se levanta, se produce una descarga cuando se acerca una mano, y esto ocurre cuantas veces se repita la operación. Este electróforo le dio fama a Volta en toda Europa. Unos años después lo convierte en un condensador con una capa muy fina de barniz, o de goma, entre dos disc os metálicos; con él logró producir chispas con la electricidad atmosférica.
También construyó Volta un electroscopio con dos pajitas encerradas en un recipiente (en lugar del antiguo con dos bolitas de médula de saúco descubiertas) que terminaba exteriormente en una bola metálica (el electroscopio de panes de oro fue inventado algo después por Abraham Bennet).
Asimismo inventó Volta el electrómetro condensador, que consistía en un electroscopio cuyo vástago termina en un platillo conductor que se enfrenta a otro paralelo a él y móvil con un mango aislante, formando un condensador. Al cargar éste y alejar el segundo platillo se separan las hojas del electroscopio, lo que servía para medir la diferencia de potencial (o tensión, como decía Volta) entre los dos platillos. Modernamente, para medir la diferencia de potencial se usan los electrómetros como el de Lord Kelvin (William Thomson; 1824 - 1907).
En 1778 Volta descubre el metano (que llamó "gas inflamable de lospantanos" para distinguirlo del otro gas inflamable que era el hidrógeno) y estudia su inflamación por la chispa eléctrica, e incluso idea una lámpara para este gas. También se le debe el eudiómetro (del griego "eudía", tiempo sereno, y "metron", medida), basado en la recogida de gases en un tubo introducido en una cuba con agua (como hacía Priestley), graduado para medir volúmenes de gases en los que se producía una chispa eléctrica, como hizo Volta al estudiar la combustión del hidrógeno con el oxígeno del aire.
[Placa conmemorativa del centenario de la pila eléctrica (1799 -1899), en honor a Volta, "por los telegrafistas de todas las naciones". Interior del Broletto, antiguo ayuntamiento o palacio comunal del siglo XIII, junto al Duomo, en la ciudad natal de Alessandro Volta: Como. Foto: B. Rivero (enero de 2014)]
[Estatua de VOLTA en la localidad lombarda de Como, su ciudad natal]
A caballo entre los siglos XVIII y XIX, así como entre la electrostática y electrocinética, a las que dio importantes contribuciones, se encuentra el físico italiano, rival científico de Galvani, Alessandro Volta(1745 - 1827). Nacido en Como, de familia noble pero no demasiado pudiente, Volta no destacó intelectualmente en su infancia, puesto que no empezó a hablar con soltura hasta los siete años. En la adolescencia leyó toda clase de libros, pero pronto se interesó por los fenómenos eléctricos, e incluso se carteó con famosos especialistas en esta materia.
Alessandro Volta fue profesor de física en el liceo de su ciudad natal durante unos años y a partir de 1778 ocupa la cátedra de la misma materia en la universidad de Pavía.
[Estatua de Volta en la universidad italiana de Pavía.
Foto tomada en enero de 2014; Bernardo Rivero]
[Inscripción a la entrada del Aula Volta en la universidad de Pavía]
Dos años después, Volta realiza un largo viaje por Francia, Inglaterra y Países Bajos, en el que visita a importantes científicos, con los que intercambia ideas y realiza sus propios experimentos. Entre estos intelectuales estaban Franklin (entonces representante de Estados Unidos en Francia), Priestley y, especialmente, Lavoisier y Laplace con los que realiza experimentos sobre la dilatación térmica de gases.
Volta recibió, incluso antes de la invención en 1800 de su pila eléctrica, numerosos honores, como la medalla Copley de la Royal Society. Fue invitado a ir a París por Napoleón (siempre aficionado a la ciencia) para que expusiera sus experiencias eléctricas ante el Instituto de Francia, que agrupaba a las distintas Academias, a las que asistió el mismo Napoleón. A instancias de este, se nombró una comisión formada por ilustres científicos, entre ellos Coulomb y Laplace, que emitieron un informe favorable a la concesión de una medalla de oro al físico lombardo, acompañada de una dotación económica.
Napoleón lo nombra conde y ante la solicitud de Volta de su jubilación como profesor de la universidad de Pavía por encontrarse cansado después de tantos años de intenso trabajo, Napoleón (Francia, en aquella época, era dueña de toda Italia) se opuso a ello porque "un buen general muere en el campo de batalla". No obstante, ya le quedó a Volta muy poco tiempo de actividad docente y, a partir de 1809, se dedica a la administración de sus bienes y a la educación de sus hijos, abandonando por completo su interés por la ciencia, muriendo a la considerable edad de 82 años.
(...)
(Continuará)
Texto: FERNANDO RIVERO GARRAYO (2001); catedrático de Didáctica de las Ciencias Experimentales en la universidad de Sevilla.
Fotos: Bernardo Rivero Taravillo (viaje a Lombardía, Italia, en enero de 2014).
"Tres
pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi
vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una
insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad".
Mis más sinceros deseos de paz para todos. Os lo deseo este difícil año que termina con la cita del inolvidable Bertrand Russell y con estas canciones del legendario grupo escocés Runrig:
[Fuente de la imagen: www.casadellibro.com (aquí)]
He comenzado ya la lectura de La Tabla Periódica: la curiosa historia de los elementos (Ariel, 2013) del inquieto y polifacético Hugh Aldersey-Williams. Una historia de los elementos químicos con un enfoque cultural. No es una mera aproximación a los elementos químicos desde un punto de vista histórico sino que aquí cobra singular relieve el papel desempeñado por cada elemento químico en la vida de las personas, en el arte, en la economía, en la historia de los pueblos, en la cultura en su sentido más amplio.
El libro es de lectura muy agradable y accesible para personas sin formación científica. Nadie debería asustarse ante esta Tabla Periódica, que no hay que estudiar sino disfrutar de ella. De momento, sólo un lunar; me ha producido cierto disgusto que no se mencione a Antonio de Ulloa en el capítulo dedicado al hoy valiosísimo (no siempre fue así) platino.
La pequeña ciudad sueca de Upsala (o Uppsala) no puede entenderse sin su antigua universidad y sin los eximios científicos ligados a ella. Entre ellos, Celsius y Linneo. El primero, como es bien conocido, inventor de la escalacentígrada de temperatura que lleva su nombre (con dos puntos fijos: O grados para la ebullición del agua y 100 grados para la congelación; posteriormente se invirtieron los valores de referencia adoptando la forma que hoy usamos). Anders Celsius (1701 - 1744) fue astrónomo y participó en la célebre e importante expedición a Laponia para medir allí un grado de meridiano y contribuir a la determinación de la forma de la Tierra, demostrándose que estaba achatada por los polos, de acuerdo con Newton.
[Termómetro original de Celsius.
Museo Gustavianum. Universidad de Upsala]
Y, ¿quién no conoce a Linneo? Carl von Linné (1707 - 1778), botánico, ideó el sistema binomial de nomenclatura científica para las especies de seres vivos, hoy usado por los biólogos.
Upsala es una encantadora ciudad universitaria nórdica que merece ser paseada sin prisas, con un magnífico edificio, frente a la gran catedral con sus dos torres afiladas, el Museo Gustavianum de la Universidad, que alberga interesantes exposiciones, entre ellas unas vitrinas dedicadas a insignes hombres de ciencia de aquella institución académica, con destacado protagonismo para Celsius (podemos ver su termómetro, con su escala original en la que el agua hervía a cero grados y congelaba a cien) y para el gran naturalista Linneo. Pero el Gustavianum tiene algo magnífico y singular: la cúpula central que contiene el impresionante teatro anatómico. Allí la imaginación se apoderará de nosotros.
"Las causas primordiales no nos son conocidas; pero están sujetas a leyes sencillas y constantes que pueden describirse mediante la observación y cuyo estudio es el objeto de la filosofía natural".
Estas palabras de Jean-Baptiste Joseph Fourier, matemático y físico francés cuyos trabajos fueron de gran importancia para William Thomson (LordKelvin), abren el prefacio del célebre tratado del gran físico británico del siglo XIX, escrito junto con Peter G. Tait, titulado Treatise on NaturalPhilosophy(el primer volumen vio la luz en 1867). Una magna obra en la que Thomson y Tait (popularmente conocida en la época como "T&T") abordaban los problemas de las diferentes ramas de la física a partir de la idea de energía (en la imagen una edición reciente del tratado).
Ellos, ya en la segunda mitad del XIX, continuaron con la denominación clásica de filosofía natural o filosofía de la naturaleza para referirse a la física, tal como había hecho Newton y se seguía haciendo en las universidades británicas "para referirse a la investigación de las leyes del mundo material y a la deducción de resultados no observados directamente". Hasta mediados del siglo XIX se habla de filosofía natural para designar a las ciencias naturales, particularmente la física (no comienza a emplearse la palabra "científico" hasta unos años después de 1830, con anterioridad se usaba "filósofo natural"). Gradualmente, desde mediados del siglo XIX, el término "física" se fue implantando.
[Sobre el Treatise on Natural Philosophy, el "T&T", de Thomson y Tait, puede leerse "Un tratado pionero", perteneciente al capítulo 4 ("La visión mecanicista") del libro Lord Kelvin. La termodinámica clásica. La física entra en calor, de ANTONIO M. LALLENA; RBA, 2013]
La química es una ciencia experimental y, por tanto, la observación (un experimento no es otra cosa que una forma de observación, bajo control, en la que se miden y relacionan variables) es esencial. A veces (en contra de lo que pueden pensar muchos, que sólo ven en la química negros humos y sucias aguas) la observación de fenómenos químicos nos asombra por su espectacularidad o incluso belleza. En Beautiful Chemistry dan buena cuenta de ello. Una muestra:
Y podemos aprender algunas de las técnicas básicas de un laboratorio de química en los vídeos educativos de UPCtv. Por ejemplo:
Los alumnos también nos explican sencillos experimentos que captan nuestra atención:
La química se estudia, se lee, se hace. Y, por supuesto, se ve.