miércoles, 30 de julio de 2014

La ciencia en plural

[Fuente de la imagen: Wikipedia]

"El arte es yo; la ciencia es nosotros".

Magnífica y elocuente es esta célebre frase del adalid de la medicina científica, impulsor del método experimental en la medicina y la fisiología del siglo XIX: el francés CLAUDE BERNARD (de joven, curiosamente, tuve conocimiento de su labor científica gracias a la lectura de Pío Baroja, novelista y médico de formación). Recomiendo al lector esta biografía del premio Nobel argentino en Medicina Bernardo A. Houssay: Claude Bernard y el método experimental.

Claude Bernard, fundador de la medicina experimental, bien sabía que la ciencia es tarea colectiva, particularmente desde el siglo XIX (y cada vez más). Son equipos de investigadores y trabajadores que aúnan sus esfuerzos liderados por algún o algunos científicos (hoy no pocas mujeres) brillantes. Una labor colectiva, frecuentemente interdisciplinar e internacional (dada la complejidad y el elevado coste de las investigaciones punteras actuales): de un equipo humano (un "nosotros") para el beneficio y conocimiento de toda la humanidad (todos nosotros). El arte, en cambio, es generalmente labor creativa de una mente inquieta y a veces genial, individual, que se proyecta hacia los demás.

martes, 22 de julio de 2014

Berzelius: los símbolos y mucho más

J. J. Berzelius fue uno de los grandes personajes de la química, cuando esta ciencia, gracias a Lavoisier, Dalton y otros, tomó impulso a principios del siglo XIX. Y no sólo estableció la moderna simbología química de los elementos y de las fórmulas de los compuestos (con superíndices, en vez de los actuales subíndices para indicar las proporciones de los elementos que forman parte de la sustancia compuesta, como H2O, CO2, etc.), sino que su metódica labor es ciertamente amplia y de interés.

[Fuente de la imagen aquí]


 

martes, 1 de julio de 2014

¿Guerra biológica en el siglo XVIII? (la viruela en la Guerra de Independencia norteamericana)

Hay libros que no puede dejar uno de recomendar porque, cada vez que fueron abiertos para su lectura, supusieron un plácido rato de disfrute y conocimiento. Y si el tema es abordado por el autor con un original enfoque la recomendación se hace poco menos que obligatoria. Tal es el caso de Chiripas de la Historia ("una antología de las casualidades más increíbles que han forjado el destino de la humanidad"), de Gonzalo Ugidos (La Esfera de los Libros, Madrid, 2013), al que conocemos de su magnífico e imprescindible espacio radiofónico (RNE5) Vidas Contadas.

Entre tantas amenas y jugosas páginas leo "Su Majestad George Washington" (imagen de la izquierda), en donde Gonzalo Ugidos narra una muy interesante historia: la epidemia de viruela que asoló la costa este de Norteamérica durante la Guerra de Independencia. Precisamente George Washington tenía una vital ventaja, un escudo protector biológico, pues el comandante en jefe de las tropas rebeldes que luchaban contra los británicos había sobrevivido a la viruela que padeció en su adolescencia, de manera que era inmune a dicha enfermedad vírica.

El hecho es que la viruela hizo estragos en las tropas continentales rebeldes, jugando un muy importante papel en la Guerra de Independencia, afectando a miles de soldados y ocasionando que la guerra se prolongara por más tiempo. En 1776 unos cinco millares de soldados rebeldes, la mitad del Ejercito Continental en las proximidades de Quebec, padecieron la enfermedad, convirtiéndose pues en peor enemigo que los británicos, canadienses e indios juntos, como dijera John Adams, segundo presidente de Estados Unidos.

Los soldados británicos gozaban de cierto grado de inmunidad contra la viruela, desde luego mucho mejor que las tropas rebeldes americanas. Cuenta Gonzalo Ugidos que tal vez (es un asunto de controversia entre los historiadores) la epidemia de viruela de 1776 que azotó al Ejercito Continental rebelde fue deliberadamente propagada por los británicos, en lo que sería una pionera guerra biológica para debilitar o acabar con el enemigo. La hipótesis es plausible porque, dice Ugidos, "los redcoats (casacas rojas) del ejército británico habían sido previamente vacunados". Esta afirmación me mueve a profundizar algo más y a hacer una aclaración sobre la vacunación.


Edward Jenner (1749 - 1823) descubrió la vacuna en 1796, es decir, veinte años después de aquel terrible brote de viruela que castigó a las tropas rebeldes norteamericanas, con miles de afectados. Por tanto, creo que no es muy acertado emplear aquí el término vacunación, pues puede inducir a cierta confusión histórica. Con mayor propiedad podríamos hablar de inoculación (aunque es cierto que hoy día se emplean indistintamente los términos inoculación y vacunación para referirse a cualquier inyección protectora de infecciones). Con anterioridad al hallazgo de Jenner, para inmunizar a las personas contra la enfermedad infecciosa se inoculaba pus (en la época de la Guerra de la Independencia de Norteamérica al procedimiento se le llamaba virulación) de pacientes que sufrían la enfermedad de forma moderada, menos grave. La viruela (enfermedad infecciosa que sabemos hoy que es provocada por un virus) es muy contagiosa, ocasionando en el enfermo fiebres altas y una erupción cutánea característica y pudiendo causar la muerte. Cuando la enfermedad no tenía fatales consecuencias para el paciente, éste quedaba inmunizado contra la enfermedad de forma duradera. Pero, a pesar de usarse la inoculación como técnica de inmunización, en ocasiones el procedimiento tenía un fatal desenlace para el inoculado. Fue Edward Jenner quien halló una solución efectiva al problema de la inoculación al descubrir su vacuna (del latín vacca, es decir, vaca), obtenida de la viruela bovina, una forma mucho más benigna de la enfermedad infecciosa (Jenner observó que las ganaderas que ordeñaban las vacas con viruela bovina se infectaban con una forma leve o inocua de la enfermedad que les confería inmunidad frente a la temida viruela humana). La vacunación fue reconocida como una poderosa técnica de inmunización por la comunidad médica tras la publicación en 1798 de la obra de Edward Jenner titulada Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae. La vacunación tomó fuerza y rápidamente se extendió el procedimiento profiláctico por Europa y también por el continente americano. A mediados del siglo XIX la vacunación pasa a ser obligatoria con la finalidad de mejorar la salud pública y la calidad de vida de la población (como así fue), pero ante ello reaccionaron ciertos grupos organizándose en contra de tal medida, particularmente en Gran Bretaña, al considerarla una injerencia del Estado (¿les suena esto de algo?; no hay nada nuevo bajo el Sol).


Los soldados británicos de las colonias norteamericanas fueron inoculados con carácter voluntario. Por este motivo, entre otros, creo que la hipótesis del contagio premeditado, de la "guerra biológica" de los británicos contra los rebeldes norteamericanos, no es cierta aunque sea posible. De pretender  diezmar al ejército enemigo con el mínimo riesgo la inoculación contra la viruela entre la tropa británica habría sido obligatoria (aunque es cierto que el procedimiento de inmunización de la época no era completamente seguro).

El caso es que, dada la alarmante y grave situación, George Washington tuvo la valentía y perspicacia suficientes como para ordenar la inoculación obligatoria contra la viruela para todos sus soldados, a excepción de aquellos que ya hubieran padecido y superado la enfermedad, de manera que eran inmunes a la misma. Esto ocurrió en 1777, tan sólo un año después del terrible brote epidémico. Hubiera sido mejor, evitándose muchas víctimas, que la inoculación se realizara con anterioridad (lo cual incluso acaso habría modificado el devenir de Norteamérica). Pero no podemos negar el arrojo de Washington, quien, tal vez animado por su propia inmunidad, fue el artífice de la inoculación del Ejército Continental norteaméricano, que se convirtió así en el primero del mundo al que se aplicó un plan organizado de prevención de la viruela.


Nota:

La inoculación o vacunación consiste en inyectar, con carácter profiláctico, microorganismos, vivos o muertos, o sus productos, para prevenir una enfermedad infecciosa (o bien para que esta aparezca en forma atenuada o leve). Parece ser que ya en la antigüedad se practicaba la inoculación de la viruela en Asia y Oriente próximo. Posteriormente, en el siglo XVII, fue introducida en Europa. Destacable es el caso de Mary Wortley Montagu (1689 - 1762), quien a comienzos del XVIII escribió sobre la práctica de la inoculación que se realizaba en Turquía (ella misma sometió a sus hijos al proceso). Esta técnica de inoculación o virulación provocaba una forma de viruela más leve.


Bibliografía:

- BYNUM, W. F., BROWNE, E. J., ROY PORTER; Diccionario de historia de la ciencia. Herder, Barcelona, 1986.

- UGIDOS, G.; Chiripas de la historia. La Esfera de los Libros, Madrid, 2013.

En Internet:



domingo, 15 de junio de 2014

No es un día cualquiera... para la ciencia

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)  cumple 75 años de vicisitudes y el programa No es un día cualquiera, de RNE, dirigido por Pepa Fernández, emitió el sábado desde la sede de la institución científica española. La tertulia estuvo dedicada a la investigación; Nieves Concostrina, narradora de historias de huesos y difuntos, habló de Galileo Galilei ; y Pepa Fernández entrevistó al biólogo Daniel Ramón, experto en tecnología de alimentos, particularmente en transgénicos, que ha escrito Los genes que comemos (coautor también de una novela sobre el polémico asunto).

El domingo por la mañana, ya en La Rioja, el humor, originalísimo, lo puso como siempre Juan Carlos Ortega, que es un gran aficionado a la historia de la ciencia (es autor de la singular obra divulgativa para todos los públicos, estudiantes de ESO incluidos, El universo para Ulises; Editorial Planeta, 2013). En sus Cuentos para Ulises narra una rara historia de un remoto lugar en el que la política invade absurdamente el territorio de la ciencia, y en su sección de la disparatada Radio 6 un físico atómico se ve en apuros ante la descabellada intervención de una oyente (todo puede ocurrir en esta cadena). El cuento para Ulises comienza así:

"Había una vez un país muy lejano en el que la ciencia no funcionaba igual que aquí. Allí, todos los asuntos científicos se sometían a referéndum.

- Mañana se votará cuál va a ser la velocidad de la luz.

Y todos los habitantes de ese lejano país decidían cuál sería el valor de esa constante natural.

- Yo votaré que sean 100 km/h.

- Pues yo votaré...".


Puede escucharse el extraño cuento político-científico pinchando aquí. La entrevista de Radio 6, aquí (a partir del minuto 9:10).

Y como en terrenos humorísticos estamos, os dejo un par de viñetas de Forges, también ilustre colaborador de No es un día cualquiera:




  

lunes, 9 de junio de 2014

El pato Donald en el mundo de las matemáticas

[Un simpático viaje al maravilloso mundo de las matemáticas con el pato Donald, que hoy cumple 80 años.]

Puede disfrutarse de Donald in Mathmagic Land pinchando aquí.

lunes, 2 de junio de 2014

El Príncipe de Asturias y la química

[El investigador AVELINO CORMA es especialista en síntesis y aplicaciones de las zeolitas; fuente de la imagen aquí]

Hoy todos los medios de comunicación hablan del rey y del príncipe de Asturias. En El devenir de la ciencia destacamos al químico Avelino Corma (Moncófar, Castellón, España, 1951), premiado con el Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2014. Por fin la investigación química es la protagonista de estos prestigiosos premios internacionales. "Fue un reconocimiento a la química en España", ha afirmado el investigador. Corma es uno de los científicos más valorados de nuestro país, desarrollando su labor investigadora en el campo de la catálisis heterogénea.

Junto con el biólogo Antonio García-Bellido constituye la representación española en la Royal Society, lo que invita a soñar con la posibilidad de un nuevo Nobel hispano. Un par de docenas de españoles han formado parte a lo largo de la historia de tan célebre institución inglesa, la mayoría en el siglo XVIII, con Antonio de Ulloa y Jorge Juan como máximos exponentes de aquella época. Los miembros españoles de mayor relieve han sido Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, ambos galardonados con el Nobel.

Pepa Fernández entrevistó a Avelino Corma y al eximio bioquímico Santiago Grisolía el pasado fin de semana en No es un día cualquiera, de RNE:



 

sábado, 17 de mayo de 2014

Las mamas de Dolly

No hay oveja más famosa que Dolly (1996 - 2003), el primer mamífero clonado a partir de una célula somática adulta. Los padres científicos de la criatura fueron Keith Campbell e Ian Wilmut, investigadores del Instituto Roslin de Edimburgo. Diez años antes se había logrado clonar un ratón, pero en este caso tomando el núcleo de una célula madre embrionaria.

[Fuente de la imagen: aquí]


Los británicos emplearon la técnica de transferencia nuclear de la célula somática, consistente en extraer el núcleo de una célula somática adulta (en el caso de Dolly una célula de una gándula mamaria de una oveja donante) e introducirlo en un óvulo desprovisto de su núcleo. Después de dotar al óvulo con el núcleo de la célula adulta (con toda la información genética de esta, con su ADN) los investigadores del equipo de Edimburgo estimularon la división celular mediante la aplicación de descargas eléctricas. El desarrollo del embrión en otra oveja daría lugar, finalmente, al nacimiento de la oveja clonada, Dolly, genéticamente idéntica a la oveja donante del núcleo de célula adulta. Aclaremos que aunque Dolly tenía el mismo ADN nuclear que la célula adulta de la oveja donante su ADN mitocondrial (que es extranuclear) provenía de la oveja utilizada para proporcionar el óvulo (desnucleado) receptor. Por supuesto, no hay tarea fácil en la ciencia y menos en un asunto tan delicado como este. Fueron necesarios 277 intentos hasta que los investigadores del Instituto Roslin de Edimburgo gritaron su particular eureka.

Y como sucede tantas veces en la investigación el caso de Dolly tiene su punto chusco. Puesto que la célula somática adulta se había obtenido de una glándula mamaria de una oveja, los británicos Campbell y Wilmut tiraron de humor isleño y dieron a la oveja obtenida por clonación el nombre de Dolly, en homenaje a la gran cantante de country Dolly Parton, de abrumadora delantera.

Os dejo un divertido vídeo de introducción a la clonación hecho por alumnos de bachillerato y una muestra de la música de la cantante de poderosos pechos, Dolly Parton:






Para saber más: 50 cosas que hay que saber sobre genética; MARK HENDERSON; Ed. Ariel.

domingo, 4 de mayo de 2014

Dos ciencias: historia y cosmología

[MARIO BUNGE, físico y filósofo; Buenos Aires, 1919]



" La historia es mucho más científica que la cosmología. El buen historiador busca y da evidencia de prueba, a diferencia de los cosmólogos fantasistas, como Hawking. La historia es la más científica de las ciencias sociales."

Me han llamado la atención de manera especial estas palabras del longevo y gran filósofo de la ciencia argentino Mario Bunge en una entrevista recientemente concedida al diario El País (puede leerse completa aquí).

Tiene su razón Bunge, pues la investigación histórica se basa en el análisis de los hechos de forma objetiva y contrastada, con todas sus limitaciones (no confundir con las, subjetivas, memorias históricas). No cabe duda de que la cosmología física es ciencia, pero no es menos cierto que hoy día está impregnada de numerosas especulaciones teóricas, con sutiles y complejos desarrollos matemáticos (incluidas "acrobacias matemáticas"), no falsables, como ocurre con los modelos cíclicos, en los que se considera la sucesión de big bangs. Tal es el caso de la cosmología de Hawking y, acaso más aún, el de la Cosmología Cíclica Conforme de Penrose (véase este artículo de Carlo Frabetti). Pero esas aventuras teóricas de la cosmología son enormemente sugestivas y animan el debate, estimulando nuestra inevitable y sana curiosidad por conocer. 

martes, 22 de abril de 2014

Libros abiertos

Mañana, 23 de abril, es el Día del Libro y uno tiene la sana tentación de recomendar algunos libros que ha leído (sí, a veces a salto de mata) o que desearía tener entre las manos. Vamos a ello.

Un viejo libro: Manual de Física, de Modesto Bargalló (Ed. Reus Sardá, 1925).

Un libro de divulgación científica: 50 cosas que hay que saber sobre Genética, de Mark Henderson (Ariel, 2010). De las leyes de Mendel a los organismos genéticamente modificados y la vida artificial.



Un libro de historia de la ciencia: Bartolomé de Medina y el siglo XVI, por Manuel Castillo Martos (Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria, 2006). Sobre el descubridor, a mediados del siglo XVI, del método de beneficio de la plata por amalgamación ("beneficio de patio"); un sevillano en México.



Un libro para jóvenes lectores: El Universo para Ulises, de Juan Carlos Ortega (Planeta, 2013). Una visión original y amena sobre el cosmos y las leyes de la física, con el singularísimo toque de Ortega.

Un libro de historia: Chiripas de la historia, de Gonzalo Ugidos (La Esfera de los Libros, 2013). Sobre las casualidades en la historia y otras historias no tan casuales pero en las que el azar jugó su papel. Muy ameno.



Una novela: Los huesos olvidados, de Antonio Rivero Taravillo (Espuela de Plata, 2014). La mejor novela para leer en el centenario de Octavio Paz. Narración cristalina sobre un asunto oscuro. Entretenido y con mensaje para la reflexión.



Una obra de teatro: Un enemigo del pueblo, obra maestra del gran dramaturgo noruego Henrik Ibsen (Funambulista, 2007). Sobre la corrupción del poder y la manipulación de la información; la razón que no se quiere aceptar frente a los intereses de unos pocos. Puede verse en "Estudio 1" de RTVE aquí, con el inolvidable José Bódalo.

Un libro de poesía: La extensión de mi cuerpo, poemas de Walt Whitman magníficamente traducidos e ilustrados, una gema literaria (Nórdica, 2014).

Un libro para antes de acostarse: (Casi) cualquiera de los mencionados.

Un libro de autoayuda: Ninguno. A mí los que me ayudan son libros como los anteriores.

domingo, 6 de abril de 2014

La ciencia no admite poligamia

[JUAN NEGRÍN  joven, médico e investigador en fisiología antes de dedicarse a la política. Llegó a ser presidente del Gobierno de la II República Española en 1937, en plena Guerra Civil. Fuente de la imagen aquí (www.elmundo.es)]


"¿Cómo podrá España acelerar su evolución científica, técnica e industrial si los científicos se dedican a la política? La ciencia no admite poligamia".


Estas palabras se las dedicó el bioquímico y biólogo molecular español (premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1959) Severo Ochoa al que fuera su profesor, Juan Negrín, tras su regreso a Madrid después de una estancia en Heidelberg, incorporándose a su laboratorio a finales de 1930 (citado en Severo Ochoa. De músculos a proteínas; de María Jesús Santesmases; Ed. Síntesis, Madrid, 2005). Negrín se había afiliado al partido socialista (PSOE) en 1929, llegando a ser diputado en Cortes, ministro y hasta (controvertido) presidente del gobierno republicano en plena guerra fratricida española (y hasta 1945, en el exilio). 

Era una época de crisis y cambios en la que difícilmente podía mantenerse uno al margen de la política y no pocos intelectuales, profesores o artistas se implicaron hasta la médula en la actividad política de muy diferente signo, como Juan Negrín (se podrían citar numerosos casos; como el dignísimo Julián Besteiro, catedrático de Lógica y socialista moderado, como el poeta Rafael Alberti, comunista, o, por el otro lado, Ramiro Ledesma, prometedor filósofo y buen conocedor de la matemática y de la física revolucionaria de su tiempo, quien dio un viraje radical en su vida intelectual para pasar a la acción política fundando las JONS, o como el historiador Santiago Montero Díaz, primero comunista y luego jonsista y amigo de Ledesma).

Sin duda Severo Ochoa, incansable y apasionado investigador, debió de sentirse decepcionado con la implicación de Negrín en la política, en detrimento de su liderazgo científico y acaso, en cierto modo, considerarle un traidor a la ciencia.



Nota:

Ochoa se encontraba en Heidelberg en 1930, en el nuevo laboratorio de Otto Meyerhof, el fisiólogo alemán de origen judío que investigaba la química de la contracción muscular. El científico asturiano se incorporó al laboratorio de Negrín en la capital de España a finales de ese año para proseguir sus investigaciones sobre la fisiología de las glándulas adrenales o suprarrenales, en particular el papel que estas desempeñan en la contracción muscular (tema de la tesis doctoral de Ochoa). María Jesús Santesmases en su biografía del investigador de Luarca (Severo Ochoa. De músculos a proteínas) afirma que con estos trabajos Ochoa asumía una buena parte de las enseñanzas de sus primeros maestros en el campo de la fisiología. Por un lado, las de Negrín y sus intereses por las glandulas suprarrenales y la adrenalina; por el otro, las de Meyerhof y sus colaboradores sobre la contracción muscular. Esta aportación de Ochoa, síntesis investigadora, iba en la línea de profundizar en el conocimiento del metabolismo y la bioenergética con la finalidad de una mejor comprensión de los complejos procesos fisiológicos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Sexo genial




[ALESSANDRO VOLTA. Grabado de Giovita Garavaglia (1814)]

Leo en Volta y el desarrollo de la electricidad, del gran, y singular, Aldo Mieli, que el insigne científico de Como (Lombardía; Italia), inventor de la pila eléctrica y descubridor del gas metano (entonces conocido como "aire inflamable de los pantanos"), fue hombre de "naturaleza exuberante", llevando una vida muy activa, no sólo en lo científico, sino en otros aspectos como las actividades físicas al aire libre (remero, senderista y alpinista por sus aguas y tierras lombardas). Mas afirma Mieli que Alessandro Volta también fue aficionado a la actividad física más íntima. Parece ser que el científico italiano tuvo "múltiples y pasajeras aventuras amorosas". Ni me sorprende demasiado ni me escandaliza esto, claro está. Lo que me llama la atención sobremanera es lo que a continuación afirma Aldo Mieli respecto a la vida sexual de los grandes genios:

"Una vida sexual muy intensa, conforme a las tendencias personales, es, creo, una característica de los hombres geniales, que en ella encuentran un fortalecimiento y un estímulo de su actividad espiritual, y sólo en Newton, por razones constitucionales, encontramos un individuo genial, pero completamente frígido para las imperiosas necesidades de la carne".

(ALDO MIELI: Volta y el desarrollo de la electricidad; Espasa Calpe, Colección Austral; Buenos Aires, 1944).


Si el lector ha tenido la curiosidad de leer la biografía del historiador de la ciencia Aldo Mieli habrá comprendido perfectamente la esencia y significación de la aclaración "conforme a las tendencias personales" (relativo a la vida sexual).

viernes, 7 de marzo de 2014

Ciencia filantrópica (Balmis y la expedición de la vacuna)

Jenner es quien encuentra bajo el techo
de los pastores tan precioso hallazgo.
Él publicó gozoso al universo
la feliz nueva, y Carlos distribuye
a la tierra la dádiva del cielo.

Carlos manda; y al punto una gloriosa
expedición difunde en sus inmensos
dominios el salubre beneficio
de aquel grande y feliz descubrimiento
.


(Fragmento de la Oda a la vacuna, de Andrés Bello)


El inglés Edward Jenner es el padre de la vacunación, que tantas vidas ha salvado desde 1796. Jenner había observado que las ordeñadoras de vacas que resultaban infectadas con la viruela bovina se recuperaban fácilmente de la enfermedad, que en este caso presentaba un carácter benigno. Pero lo más interesante del asunto era que las personas que habían padecido la variante vacuna de la viruela no contraían la terrible viruela humana, que provocaba muchas muertes y dejaba secuelas en los supervivientes. El sagaz médico inglés se atrevió a inocular el fluido de las pústulas vacunas en personas (experimentó en primer lugar con un niño de ocho años) para inmunizarlas frente a la viruela. El éxito de Jenner fue uno de los mayores logros para la humanidad.

Muy poco tiempo después el rey Carlos IV de España ("Carlos distribuye a la tierra la dádiva del cielo", dice el poeta venezolano) ordena la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, persuadido por su médico personal, el alicantino Francisco Javier Balmis. El filantrópico periplo se inició en 1803 en el puerto gallego de La Coruña y, dando la vuelta al mundo, duró más de dos años. El objetivo era aplicar la vacunación de Jenner en los territorios españoles de ultramar (en América y Filipinas) para inmunizar a la población contra la devastadora y temida viruela. La expedición médica tuvo que resolver un problema crucial: la conservación de los fluidos de la vacuna durante el largo viaje. Para ello se decidió que veintidós niños de un orfanato de La Coruña se incorporaran a la expedición para ser sucesivamente inoculados con la vacuna y así poder disponer de ella en perfecto estado para su aplicación a la arribada a tierras americanas. Esta cadena de inoculados portadores de la vacuna fue una idea brillante y eficaz.

La expedición tuvo que afrontar no pocas dificultades pero resultó un éxito y es considerada la primera gran expedición sanitaria de la historia. Claves de este triunfo pionero de la medicina preventiva fueron la tenacidad y la actitud metódica, propias de un buen científico, de Balmis; la valiosa colaboración de José Salvany, vicedirector de la expedición; y la eficiencia de las diferentes Juntas Centrales de Vacuna que se fueron organizando.

Dejo aquí Balmis, el ilustrado tenaz, vídeo sobre la vida y obra de aquel médico español que recorrió el mundo para salvar vidas gracias al método ideado por un modesto médico rural inglés:




Más sobre BALMIS y la EXPEDICIÓN DE LA VACUNA en El devenir de la ciencia:


     

miércoles, 26 de febrero de 2014

Cajal y Ochoa, científicos españoles con el Nobel (atrévete a conocerlos mejor)

[Sellos dedicados a SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL y SEVERO OCHOA, eximios científicos españoles que alcanzaron el más alto reconocimiento internacional al ser galardonados con el premio Nobel. Procedencia de la imagen: www.historiadelamedicina.org. Más detalles aquí]


Siete son los españoles a los que se les ha concedido el premio Nobel, el de mayor prestigio mundial, a lo largo de la historia; ocho si incluimos en la dorada lista al gran novelista hispanoperuano Vargas Llosa. Todos galardonados con el Nobel de Literatura (aunque recordemos que José Echegaray era también un notable matemático del siglo XIX), a excepción de dos gigantes de la ciencia: Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, que fueron distinguidos con el premio Nobel de Fisiología y Medicina.

Ramón y Cajal lo fue en 1906 (compartido con el italiano Golgi) por su trabajo en la estructura del sistema nervioso; Severo Ochoa recibió el galardón en 1959 (compartido con el norteamericano Kornberg) por su descubrimiento de los mecanismos de la síntesis biológica de los ácidos nucleicos (ambos, el español y el norteamericano, apasionados por la investigación de las enzimas).

Una excelente manera de aproximarse a la vida, en su contexto histórico y social, y la importantísima labor científica desempeñada por Cajal y Ochoa es ver pausadamente las dos series que RTVE emitió sobre ellos y que hoy podemos disfrutarlas aquí:



miércoles, 19 de febrero de 2014

Aquí Cajal ("Santiago Ramón y Cajal, las mariposas del alma")

[Ramón y Cajal hacia 1885 en su laboratorio de Valencia. Fuente de la imagen: Wikipedia]


Una nación no puede olvidar nunca a sus héroes. Y en la nuestra la labor del científico no pocas veces es heroica. Recordamos hoy a Santiago Ramón y Cajal, investigador de la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas, las neuronas, a finales del siglo XIX. Aquí os traigo este completo documental de RTVE sobre nuestro eximio Nobel de Medicina (1906):



Sobre Ramón y Cajal en El devenir de la ciencia: